Autor: Yanet Jiminian
28/11/2025 54 visualizaciones
Ser invitada por el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT) a participar en el panel “La mujer transformando la educación superior” fue una oportunidad que marcó el inicio de este artículo. Esta experiencia reafirmó una convicción central: las mujeres no solo formamos parte de la universidad, sino que estamos contribuyendo activamente a redefinirla y fortalecerla desde múltiples espacios.
En este artículo comparto mis reflexiones, examino los retos y desafíos que aún persisten y cambios estructurales que hacen falta en el sistema de educación superior dominicano para garantizar igualdad de oportunidades para las mujeres académicas.
La presencia de las mujeres en la educación superior dejó de ser una excepción para convertirse en una fuerza transformadora que ha cambiado la manera de aprender, enseñar y producir conocimiento. Cada avance conquistado refleja historias de valentía, liderazgo y resiliencia que hoy reconfiguran la vida académica con miradas más inclusivas y humanas.
En República Dominicana, la presencia femenina en la educación superior es mayoritaria, ya que las mujeres representan más del 50% de la matrícula universitaria. Este dato refleja no solo el creciente acceso de las mujeres a la formación profesional, sino también su determinación por ocupar espacios académicos que durante décadas estuvieron menos equilibrados. Un ejemplo de ello es que, en 2018, solo el 38% de los 431 miembros incorporados a la Carrera Nacional de Investigadores del MESCYT eran mujeres. Sin embargo, para el 2025, con la incorporación de 463 nuevos integrantes, la presencia femenina ascendió al 53%. Este avance demuestra que las mujeres no solo están accediendo cada vez más a espacios académicos y científicos, sino que están consolidando su liderazgo y contribución al desarrollo del conocimiento en el país.
Principales retos que enfrentan las mujeres académicas y las estudiantes universitarias en el país
A pesar de que las mujeres somos mayoría en la matrícula universitaria y hemos logrado avances importantes en el ámbito de la investigación, seguimos siendo minoría en los espacios de decisión y liderazgo académico. Esto evidencia que los desafíos van más allá del acceso; el verdadero reto está en garantizar nuestra permanencia, fortalecer nuestro liderazgo y obtener un reconocimiento pleno dentro de las estructuras universitarias.
En este contexto, uno de los principales obstáculos es la conciliación entre la vida profesional, familiar y personal, especialmente en instituciones que aún no cuentan con políticas efectivas de corresponsabilidad. Esto nos obliga a esforzarnos aún más para sostener nuestra trayectoria académica sin descuidar la familia ni los asuntos personales.
Después de casi tres décadas en la docencia, investigación y gestión, he aprendido que transcender no es solo ocupar espacios, sino abrirlos para otras mujeres. Formar generaciones de estudiantes con pensamiento crítico, es liderar con ética, coherencia y sensibilidad, y es contribuir con una universidad más inclusiva, innovadora y comprometida con la equidad.
Otro gran desafío es que nuestro trabajo científico no siempre recibe el mismo reconocimiento: publicamos menos, conseguimos menos financiamiento y muchas veces no se nos da la misma visibilidad que a los hombres.
Las estudiantes también enfrentan falta de orientación vocacional y estereotipos que todavía las alejan de las carreras STEM. Además, necesitan más apoyo académico y emocional para poder completar sus estudios y avanzar en su vida profesional.
El mayor desafío es transformar la cultura institucional para que la igualdad deje de ser un discurso y se convierta en una práctica cotidiana (Bachelet, 2011).
La afirmación de Bachelet señala que el verdadero desafío no está solo en crear políticas o hablar de igualdad, sino en lograr que ese compromiso se viva en el día a día de las instituciones. Transformar la cultura significa cambiar actitudes, prácticas y formas de relacionarnos; implica que cada decisión, cada espacio y cada interacción refleje realmente el respeto, la equidad y las mismas oportunidades para todas las personas.
Cambios estructurales hacen falta en el sistema de educación superior dominicano para garantizar igualdad de oportunidades para las mujeres académicas.
Necesitamos políticas institucionales que no se queden en declaraciones, sino que se traduzcan en acciones sostenibles, medibles y capaces de transformar realidades. Contar con indicadores de género claros nos permitirá identificar avances, reconocer brechas y tomar decisiones informadas que garanticen oportunidades justas para todas las personas. Solo así podremos construir universidades más equitativas, coherentes con su misión social y verdaderamente comprometidas con el liderazgo femenino y la igualdad de oportunidades.
Propongo cinco transformaciones estructurales claves:
Incorporar la perspectiva de género en la gestión universitaria. Para esto sugerimos de incluir la perspectiva de género en la acreditación universitaria del Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología(MESCyT), de modo que la equidad sea un criterio obligatorio en las evaluaciones.
Fortalecer los mecanismos de evaluación y financiamiento de la investigación con criterios de equidad, impulsando programas y fondos específicos para mujeres investigadoras.
Promover el liderazgo femenino en los órganos de decisión, consejo académicos rectorías, vicerrectorías, porque la representación importa. hacen falta más mujeres en cargos de dirección universitaria. No por cuota, sino porque su liderazgo aporta diversidad de pensamiento y sensibilidad social.
Incluir la paridad de género en los comités de evaluación científica y en las convocatorias del Fondo Nacional de Innovación y Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDOCyT).
Finalmente, urge fortalecer la formación en liderazgo y gestión universitaria con perspectiva de género, para preparar a las nuevas generaciones de académicas.
Finalmente, reflexionar sobre el papel de la mujer en la transformación de la educación superior confirma que nuestro aporte no es circunstancial ni accesorio: es esencial para construir instituciones más humanas, inclusivas y comprometidas con la equidad. A lo largo de este análisis se evidencia que, aunque hemos avanzado, aún persisten desafíos que requieren decisiones firmes para que la igualdad deje de ser un ideal declarado y se convierta en una práctica cotidiana.
En definitiva, avanzar hacia una educación superior más equitativa exige reconocer y valorar la diversidad de experiencias que aportamos las mujeres, así como impulsar cambios estructurales que abran camino a una participación plena, respetada y significativa.
Referencias Bibliográficas
Bachelet, M. (2011). Discurso Consolidación de la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres: Liderazgo y participación Política de las mujeres. ONU Mujeres. https://www.unwomen.org/es/news/stories/2011/4/bachelet-s-keynote-address-on-building-gender-equality-and-women-s-empowerment#:~:text=Discurso%20de%20la%20Sra.,de%20las%20mujeres%20%7C%20ONU%20Mujeres
Cisneros-Bravo, Bryan Edoardo, Rodríguez-Aguilar, Rosa María, Niño-Membrillo, Yedid Erandini, & Cuevas-Rasgado, Alma Delia. (2023). Falta de orientación vocacional como factor en la deserción universitaria. Caso de estudio: zona Oriente del Estado de México. RIDE. Revista Iberoamericana para la Investigación y el Desarrollo Educativo, 14(27), e573. Epub 06 de mayo de 2024. https://doi.org/10.23913/ride.v14i27.1715
Domínguez, M. J. (2025). La orientación vocacional y su aporte al desarrollo humano, una visión más allá de la elección de la carrera. LAURUS, 2021(6). Recuperado a partir de https://www.revistas.upel.edu.ve/index.php/laurus/article/view/3787
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