Autor: Pedro Emilio Ventura Sosa
03/02/2026 7 visualizaciones
La gestión curricular, entendida como la puesta en marcha de acciones que permitan la concreción de lo planeado en los documentos normativos y que involucra a los actores directos del proceso formativo: estudiantes, directivos, docentes… con la intención de lograr una convergencia entre el currículo oficial, el real y las contribuciones del currículo oculto.
La puesta en marcha del currículo puede ser orientada hacia diferentes horizontes. En este caso, haremos énfasis en su papel como herramienta de transformación social y epistemológica dentro de las instituciones educativas. Desde una gestión curricular crítica, se reconoce el currículo como construcción social, disputada por múltiples actores, y se orienta a democratizar el proceso de selección de saberes, su implementación y evaluación (Adekanbi & Oladele, 2024).
En esa línea de ideas, la gestión curricular trasciende a los meros trámites burocráticos, la réplica de instrucciones y el proceder obediente. En contraste, se prioriza la implementación de acciones que den participación de manera abierta, sincera y democrática. Promueve la reflexión crítica y la construcción colectiva en las instituciones. Desde esta perspectiva se garantiza abrir espacios de participación estudiantil y docente, incorporar marcos de justicia social y revisar las condiciones de gobernanza que posibilitan la agencia del profesorado como “hacedores de currículo” y no solo ejecutores (Hulme, 2025; Emans et al., 2025).
En el caso de República Dominicana, persisten algunos indicios de colonización en el abordaje de formativos. Se evidencia el reconocimiento de lo extranjero, especialmente lo europeo o estadounidense, como lo mejor. Asimismo, en el estudio de los procesos independentistas se pretende satanizar al pueblo haitiano y manejar como un discurso exageradamente heroico el papel de los nacionalistas dominicano.
En contraposición a lo expresado en supra líneas, Heilbronn (2025) manifiesta que la descolonización del currículo implica cuestionar la hegemonía de saberes occidentales y propiciar la incorporación de epistemologías diversas, con el propósito de corregir injusticias epistémicas. En otras palabras, la gestión curricular debe cultivar capacidades humanas y orientar hacia la formación de individuos autónomos y responsables (Deng, 2022)
En ese sentido se considera imperativa una transformación epistemológica que implique reconfigurar el “qué” y el “cómo” del conocimiento escolar, esto facilita que los jóvenes exploren, reconozcan y produzcan conocimientos pertinentes para futuros justos y sostenibles (Balarin y Milligan, 2024).
Desde la gestión curricular crítica, se abren espacios de debate, se promueve el contraste de perspectivas, se enjuicia la credibilidad de las fuentes. Se anima a los estudiantes a crear sus versiones, reaccionar ante la injusticia y buscar las voces de los callados que son reaccionarias a los intereses de grupos de poder que pretenden adoctrinar a la población. La participación estudiantil como agente y voz del currículo se reconoce como factor clave para pertinencia, inclusión y emancipación académica en educación.
El liderazgo docente es vital para impulsar cambios sostenibles que permitan la transformación social y epistemológica en las instituciones educativas. Esto involucra a los directivos que se sitúan en el nivel mesocurricular y a los docentes, desde su labor en interacción directa con los estudiantes (nivel microcurricular)
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