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El Protocolo de Integridad Académica y Ética Digital: Uso Responsable de la Inteligencia Artificial Generativa (IAGen) de la UAPA como guía para aprender, innovar y actuar con responsabilidad.

Autor: Indira Sarahi López Acosta

  26/08/2026      87 visualizaciones

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La inteligencia artificial generativa ya forma parte de la experiencia universitaria. Está presente cuando un participante busca comprender mejor un concepto, cuando un facilitador organiza un recurso de aprendizaje o cuando un investigador explora nuevas preguntas. En una institución como la Universidad Abierta para Adultos, cuyo modelo educativo se desarrolla en modalidades a distancia, virtual, híbrida y semipresencial, esta realidad merece ser abordada con apertura, pero también con responsabilidad. El Protocolo de Integridad Académica y Ética Digital de la UAPA ofrece precisamente esa orientación: aprender a convivir con la inteligencia artificial sin permitir que la herramienta sustituya la comprensión, la autoría ni el juicio humano. 

Una guía necesaria para la universidad virtual 

El protocolo surge en un momento en que las formas de aprender, enseñar, investigar y comunicarse están cambiando. Su intención no es cerrar la puerta a la innovación ni convertir los espacios virtuales en escenarios de desconfianza. Su propósito es establecer un marco común para que participantes, facilitadores, investigadores y colaboradores sepan cómo utilizar la inteligencia artificial generativa de manera ética, transparente, segura y coherente con los principios de la UAPA. 

En la universidad virtual, la autonomía es una parte esencial del aprendizaje. Cada participante organiza su tiempo, consulta recursos, interactúa en plataformas y construye evidencias de sus competencias. Por eso, el protocolo recuerda que la tecnología debe fortalecer ese proceso, no reemplazarlo. Una respuesta producida por una herramienta puede parecer correcta, pero el aprendizaje se demuestra cuando la persona puede comprenderla, verificarla, explicarla y relacionarla con su realidad académica o profesional. Esta visión vincula el protocolo con el Modelo Educativo por Competencias Centrado en el Aprendizaje. La inteligencia artificial se incorpora como apoyo posible dentro de una formación que sigue colocando a la persona en el centro. El criterio no es utilizar más tecnología, sino utilizarla mejor.

 Integridad: mucho más que evitar el plagio 

El documento presenta la integridad académica como una manera de actuar. Incluye honestidad intelectual, respeto por las fuentes, transparencia en la elaboración de los trabajos y coherencia entre lo que se aprende y lo que se entrega. Desde esta perspectiva, un trabajo académico no adquiere valor solamente por estar bien escrito; lo adquiere porque expresa un proceso real de reflexión, análisis y construcción personal. 

Por esa razón, el protocolo orienta a reconocer cuándo el uso de la inteligencia artificial deja de ser un apoyo y comienza a sustituir el desempeño que se pretende valorar. También llama la atención sobre la necesidad de verificar la información, pues estas herramientas pueden ofrecer datos, citas o referencias que deben ser revisados antes de incorporarse a una actividad académica. La responsabilidad final no pertenece a la herramienta: pertenece a quien decide utilizar y presentar su resultado. 

La ética digital incluye, además, el cuidado de los datos personales, la protección de las credenciales institucionales, el respeto a la identidad y la dignidad de las personas, y el uso legítimo de las plataformas universitarias. En otras palabras, aprender en línea también implica aprender a cuidar el espacio digital que hace posible la experiencia educativa. 

Claridad para decidir cómo utilizar la IA 

Uno de los aportes más útiles del protocolo es la clasificación por niveles de uso. A través de una escala de colores, se orienta a los facilitadores para indicar qué tipo de interacción con la inteligencia artificial está permitida en cada actividad. Esta claridad resulta especialmente importante en la educación virtual, donde las instrucciones de una tarea deben ofrecer seguridad, equidad y criterios comprensibles para todos.

 Hay actividades en las que la inteligencia artificial no debe utilizarse porque se necesita comprobar el dominio individual del participante. En otras, puede apoyar aspectos técnicos como la corrección formal o la organización del documento, sin intervenir en el contenido esencial. También existen tareas en las que se admite una utilización guiada para explorar ideas, organizar conceptos o iniciar un borrador, siempre que la producción final sea reconstruida y comprendida por quien aprende. 

El protocolo contempla, asimismo, usos integrados y críticos. En estos casos, la IAGen puede participar en proyectos, análisis, simulaciones o procesos de investigación, pero revisión, validación y reflexión. La herramienta no se convierte en autora del trabajo; se convierte en un recurso que debe ser interrogado, contrastado y utilizado con propósito. Esta diferencia es fundamental para formar profesionales capaces de tomar decisiones responsables en una sociedad cada vez más digital. 

La evaluación como espacio de confianza 

El protocolo propone fortalecer la evaluación auténtica como una vía para proteger el aprendizaje. Esto supone valorar no solo el producto final, sino también el proceso que lo sostiene. En la práctica, significa dar importancia a las etapas de elaboración, a la argumentación, a la aplicación de los conocimientos, a la explicación de las decisiones y a la capacidad de transferir lo aprendido a situaciones concretas. 

En los entornos virtuales, esta perspectiva puede expresarse mediante proyectos contextualizados, entregas progresivas, reflexiones breves, evidencias de proceso, estudios de caso y defensas orales o escritas. Son estrategias que permiten escuchar la voz del participante y reconocer su recorrido. También favorecen una relación más formativa entre facilitador y participante, basada en el acompañamiento y no únicamente en la sospecha. 

Cuando existe una inconsistencia, el protocolo plantea que la revisión debe apoyarse en evidencias y en un análisis humano. Los sistemas automáticos pueden servir como señal de alerta, pero no deben ser la única base para concluir que hubo una falta. La posibilidad de explicar el trabajo y mostrar el proceso protege la justicia académica y reconoce que aprender también implica cometer errores, corregir y mejorar. 

Una responsabilidad que se construye entre todos 

El uso responsable de la inteligencia artificial no depende de una sola persona. Los participantes tienen el compromiso de actuar con autonomía, respetar la propiedad intelectual, declarar los usos relevantes, verificar la información y proteger sus cuentas. Los facilitadores deben comunicar de forma explícita los límites de cada actividad, diseñar experiencias que hagan visible el aprendizaje y valorar el razonamiento, no únicamente la apariencia del texto. 

La universidad, por su parte, tiene el desafío de acompañar este proceso mediante orientación, formación continua, actualización de sus prácticas y protección de los entornos digitales. Así, el protocolo deja de ser una lista de restricciones y se convierte en una herramienta para construir una cultura académica coherente con los tiempos actuales. 

Una brújula para el presente y el futuro 

El Protocolo de Integridad Académica y Ética Digital de la UAPA representa una invitación a mirar la inteligencia artificial con madurez. No propone elegir entre innovación e integridad, como si fueran caminos opuestos. Propone demostrar que es posible innovar sin perder la honestidad, aprender con herramientas digitales sin renunciar a la autonomía y avanzar hacia nuevas formas de educación sin desdibujar la responsabilidad humana.

 Para la UAPA, universidad que desarrolla su misión en escenarios virtuales y a distancia, esta conversación es especialmente significativa. La tecnología forma parte de su manera de acercar oportunidades de formación a personas con distintas historias, responsabilidades y contextos. Precisamente por eso, el uso de la IAGen debe contribuir a una educación más reflexiva, inclusiva y pertinente.

 El verdadero desafío no consiste en preguntarnos si la inteligencia artificial estará presente en la universidad. Ya está aquí. La pregunta importante es qué tipo de aprendizaje queremos construir con ella. El protocolo ofrece una respuesta: un aprendizaje auténtico, transparente, crítico y profundamente humano. Esa es la brújula que permite avanzar con confianza en la universidad. 

 

Bibliografía

Ábaco.AI. (2026). ChatLLM Teams ( Considerada para edición y formato) (Versión del 26 de agosto) [Modelo de lenguaje extenso]. https://apps.abacus.ai/chatllm/

UNESCO. (2021). Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial . Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

 Universidad Abierta para Adultos. (2020). Modelo Educativo por Competencias Centrado en el Aprendizaje (MECCA) . Ediciones UAPA.

Universidad Abierta para Adultos. (2026). Política de Uso Ético y responsable de la Inteligencia Artificial: Un marco normativo . UAPA.

 Universidad Abierta para Adultos. (2026). Protocolo de Integridad Académica y Ética Digital: Uso Responsable de la Inteligencia Artificial Generativa (IAGen) . Vicerrectoría Académica.