Autor: Rosabelle Pérez Pellerano
02/06/2026 36 visualizaciones
Cuando una persona inicia una nueva experiencia laboral, no solo comienza un empleo. También inicia un proceso de aprendizaje, adaptación y construcción de confianza que influirá en su desempeño, su compromiso y su permanencia dentro de la organización.
Durante años, muchas instituciones han concebido la integración de nuevos colaboradores como un proceso de inducción centrado en la transmisión de información: reglamentos, políticas, procedimientos y estructura organizacional. Sin embargo, la realidad actual nos invita a ampliar esta mirada.
El concepto de onboarding surge precisamente para responder a esa necesidad. Más que informar, busca integrar. Más que recibir, procura acompañar. Más que un evento de un día, constituye un proceso diseñado para ayudar a las personas a comprender su rol, conectar con la cultura institucional y desarrollar la confianza necesaria para aportar valor desde sus primeras etapas.
La investigación reciente respalda esta visión. Un estudio realizado en empresas medianas de Quito, Ecuador, encontró una relación positiva fuerte entre la calidad del onboarding y variables asociadas al compromiso y la permanencia de los colaboradores. Entre los factores más influyentes se identificaron la claridad de funciones, el acompañamiento inicial y el interés genuino por el bienestar de las personas. De manera similar, una investigación desarrollada en Chimbote, Perú, evidenció mejoras significativas en compromiso y retención luego de implementar un programa estructurado de onboarding.
Estos hallazgos nos recuerdan que la integración no debe entenderse únicamente como una responsabilidad administrativa. Se trata de una experiencia humana que impacta directamente la forma en que las personas aprenden, se relacionan y construyen sentido de pertenencia.
En este contexto, el papel de líderes y mentores adquiere especial relevancia. Los procesos, manuales y plataformas son importantes, pero las personas suelen recordar con mayor claridad quién les orientó, quién respondió sus preguntas y quién les ayudó a comprender la cultura organizacional durante sus primeros días.
Un onboarding innovador incorpora elementos como el preboarding, la claridad del rol, el aprendizaje activo, la mentoría, el acompañamiento del líder y el seguimiento continuo. Su propósito no es simplemente acelerar la incorporación, sino facilitar una integración significativa que favorezca el desarrollo individual y fortalezca los resultados institucionales.
En definitiva, el onboarding no es una actividad de bienvenida. Es una inversión estratégica en las personas. Y cuando se diseña de manera intencional, se convierte en una poderosa herramienta para impulsar desempeño, compromiso y permanencia dentro de las organizaciones. ¨Conectemos y potenciemos el talento en cada oportunidad que tengamos, porque detrás de cada incorporación existe una persona con el potencial de transformar una organización.¨
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