Los ecologistas nos dicen que la verdadera fuerza de un bosque no radica en los troncos imponentes de los árboles ni en la grandeza de su majestuosa copa. Más bien, la fuente de su resistencia es en gran parte invisible, fluyendo bajo la superficie dentro del micelio, delicados hilos fúngicos que facilitan el intercambio de recursos y la comunicación. Al canalizar la energía y los recursos hacia arriba, estas conexiones permiten que los bosques vuelvan a crecer y se renueven, asegurando la supervivencia colectiva.
Al reflexionar sobre el año