En la década de 1960, Douglas Engelbart, un ingeniero informático del Instituto de Investigación de Stanford, presentó un curioso dispositivo. Se trataba de un pequeño bloque de madera, con un par de rodillos apoyados en la superficie debajo de él. Un botón tosco y un cable le daban la apariencia de un ratón. Brillante en su simplicidad, el nombre se mantuvo.
Antes del ratón, las computadoras se operaban principalmente con un teclado y una pantalla. Este sistema funcionaba bien para los usuarios capacitados, pero mantenía las máquinas firmemente en manos de especialistas que hablaban su